Inicio honrando a Gabi quien se puso en la tarea este fin de año de escribir un artículo para su blog La ventana, si quieres leerlo da clic aquí y me dio envidia verla en medio de procesos creativos, escribiendo e ilustrando. Lo único bueno de esa envidia es que me llevó a escribir este artículo para estar en el mismo “mood”, lastimosamente no van a ver ilustraciones como las de ella acá jajaja.
Cerrando el año nos ponemos evaluativos y reflexivos, eso no es un secreto, todos lo hacemos. Yo no quería caer en ese cliché pero acá estoy, contándoles mis reflexiones “finañisticas” como todo mortal.
Ha sido una racha de años duros empezando por el 2020 con pandemia y aislamiento incluido, 2021 fue el fin del encierro pero el daño estaba hecho y aún sentíamos el coletazo del encierro reciente. Se sintió como cuando uno dice: llegó una vaina tras otra pero ajá, acá estamos.
Bueno, el 2022 empezó con retos personales y profesionales. Dos emprendimientos, una familia y una fe por sacar adelante. El primer trimestre fue duro sin ingresos fijos y sacando a Gato R.C (el don y llamado de Dios para Gabi hecho emprendimiento @gatorc) y la Fundación Misión Carpathia (el llamado de Dios para mí hecho empresa @misioncarpathia).
Fue una apuesta a todo o nada en la que se veía más nada que otra cosa, pero, le metimos ganas y para inicio del segundo trimestre nos enteramos que esperábamos un bebé, el ánimo y las fuerzas recibieron una dosis de renovación. Yo me sentía invencible aunque estuvieran los temores normales de una situación así.
Pasaron unas semanas y las palabras de muerte llegaron contra nosotros con toda la furia y odio del infierno mismo. Ante eso oramos, pedimos apoyo en oración a amigos, nos refugiamos en el Dios dador de la vida pero finalmente nos dieron la noticia más triste que hemos experimentado: “no hay crecimiento, no hay latido”.
En ese momento definitivo no estuve al lado de Gabi como traté de estar siempre. Ella vivió esos 20 minutos siguientes sola físicamente, escribiéndome por WhatsApp y orando al Dios de la vida. Por mi parte, ese tiempo fue una lucha contrarreloj para derrumbarme y volverme a construir para estar disponible para Gabi. Pero la realidad es que las fuerzas se habían ido y durante el siguiente mes fue un tiempo de silencio en el alma, un tiempo sin crecimiento y sin latidos en mí. Me rompí a tal punto que sentí el frío de la muerte en mi alma.
Recuerdo un día al salir de la iglesia, (porque roto y distante de Dios pero sirviendo en la iglesia cada que podía); casi que en automático pero en la casa del Dios de la vida, escuchaba Fresh Wind de Hillsong, esa canción estuvo “on repeat” un buen rato y sentí que Dios me invitaba a prestarle atención a la letra:
“Move upon our praise
Sons and daughters sing
We can hear the wind
Blowing, blowing, blowing
Let all the redeemed (prophesy)
Prophesy and sing
We can hear the wind
Blowing, blowing (pour Your Spirit out), blowing”
Cuando interioricé y me apropié de la parte que dice: “que los redimidos profeticen y canten, podemos escuchar el viento soplar (derrama tu Espíritu)” me derrumbé en la mitad de la calle justo cuando pasaba por la panadería jajaja. En ese momento le dije a Dios: “no te creo pero reconstruyeme tu porque yo no doy más”. Para mí, esta frase fue una profecía que no quería hacer porque avanzar y sanar era sinónimo de olvidar el dolor que representaba a mi bebé. Reconocí mi pecado de incredulidad, había dejado de creer en el Dios de la vida.
En ese momento comenzó la senda de la sanidad que siguió casi que diariamente y hoy me permite escribir esto. Este 2022 ha sido un año de sanar mi relación con Dios, dejar de pensar que es un Dios Patrón y cambiarlo por un Dios Papá. Ha sido un tiempo para entender que no solo los hijos pródigos tienen lugar en su casa sino que los hijos que se quedan en casa son igual de amados por el Padre Dios.
Esto me lleva a otro punto/lección del 2022, la envidia casi no me deja disfrutar los milagros diarios de Dios para mí y mi familia. Instagram y Tik Tok se han convertido en el espejo que alimenta la frustración en nuestras vidas. Creemos que otros tienen una vida mejor según lo que muestran en ellos y nos sentimos menos por no tener lo que ellos muestran. “A mí también… me pasó lo mismo”*leer cantando el vallenato.
Algunos comparan el carro, la casa, los viajes; y ahora sumale comparar los hijos y preguntarme ¿por qué ellos sí y nosotros no? ¿qué hice mal? o reclamarle a Dios ¿acaso mi servicio por 20 años no te importa?… Sí, me encontré sacando mis credenciales y horas de servicio al Dios Patrón como reclamo por su falta de misericordia conmigo.
Me encontré frente al ídolo que había hecho del llamado y el servicio, un ídolo levantado en honor a mí mismo; que al final estaba tapando el dolor de sentirme menos que otros. Ahora en diciembre leí en Isaías 44:9-23:
9 ¡Qué necios son quienes se fabrican ídolos para tenerlos como sus dioses! Sus esperanzas quedan sin cumplir. Ellos mismos son testigos de eso, porque sus ídolos ni oyen ni conocen. Con razón se avergüenzan quienes los adoran. 10¿Quién sino un necio se haría su propio dios, un ídolo que no puede ayudarle en lo más mínimo?
¡Yo soy! ese personaje. Pero ahí no para esto, este capítulo sigue diciendo:
12 El herrero ante la fragua hace el hacha golpeándola con todas sus fuerzas. Hambriento y sediento, se siente débil y desfalleciente. 13 Luego el tallador toma el hacha y la emplea para hacer un ídolo. Mide y marca un trozo de madera y talla la figura de un hombre. Ahora cuenta con un admirable ídolo que ni siquiera puede moverse del sitio donde lo ponen.
14 Corta cedros, selecciona el ciprés y el roble, planta el fresno en el bosque para que la lluvia lo nutra. 15 Y después de cuidarlo, emplea parte de la madera para hacer un fuego que lo caliente y para cocinar su pan, y después —realmente es así— toma el resto de la madera y se hace un dios, un dios para que los hombres lo adoren. Un ídolo, ¡un ídolo ante el cual postrarse y al cual alabar! 16 Quema parte del árbol para asar su carne, mantenerse caliente, comer y sentirse contento, 17 y con lo que sobra se hace su dios: un ídolo tallado. Se postra ante él, lo adora y le ora. «Líbrame», le dice. «Tú eres mi dios».
18 ¡Qué insensatez e ignorancia! Dios les ha cerrado los ojos para que no puedan ver y les ha cerrado el entendimiento. 19 El hombre aquel no se detiene a pensar o a preguntarse: «¿No es acaso sólo un trozo de madera? Lo usé como leña para calentarme, cocinar mi pan y asar mi carne, ¿cómo ha de ser un dios el pedazo sobrante? ¿He de postrarme ante un trozo de madera?». 20 El pobre necio engañado come cenizas. Confía en lo que jamás podrá darle ayuda alguna y, sin embargo, no logra preguntarse: «¿Será acaso falso esto, este ídolo que tengo en la mano?».
Con esto cierro este texto:
21 Presta atención, Israel, pues siervo mío eres. Yo te hice y no me olvidaré de ayudarte. 22 Yo he borrado tus pecados, se han esfumado como niebla matutina al llegar el mediodía. ¡Oh, regresa a mí, pues yo pagué el precio de tu libertad! 23 ¡Canta, oh cielo, porque el Señor ha hecho esta obra admirable! ¡Clama, oh tierra, prorrumpan en canción montañas y selvas y todo árbol porque el Señor redimió a Jacob y su gloria es Israel!
Dios no muestra el pecado (o la idiotez) para avergonzarnos sino para que arrepentidos nos volvamos a Él. Estar con Él y ver sus esfuerzos por acercarse a nosotros siempre hará que todo lo vivido valga la pena. De pronto sientes que te he hablado de lo malo de este año, pero, sí han pasado cosas buenas.
Gato R.C y Fundación Misión Carpathia aún existen y operan para bendecir al cuerpo de Cristo. Mi familia sigue en pie y con actitud de lucha, soñando con un futuro mejor y lleno de hijos aunque la muerte quiso robarnos ese sueño; y nuestra fe sigue plantada y buscando alimentarse del Dios de la vida y ahora con el privilegio de guiar a otros a Él empezando por Pioneers (el grupo de jóvenes que lideramos).
Bye bye 2022… Gracias Dios por tanto, ¡feliz año 2023 people! y nos vemos en El Camino.